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 Julio I. González Montañés ©

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Betanzos

 

    En Betanzos, conocemos con detalle la estructura de la procesión del Corpus por un documento de 1601 (Archivo del Reino de Galicia. Legajo 1.722-17) y por las descripciones condenatorias de los visitadores diocesanos que la vieron en 1604, 1609 y 1642 aunque las procesiones eran en la villa una costumbre muy anterior, al menos del siglo XV ya que en el Libro de fundaciones de la parroquia de Santiago (fol. 8) se registra la donación de una custodia para la procesión en 1443: "En el primero día de Agosto del año del nasçimiento de Nuestro Señor Jesu Cristo de mill y quatro cientos y curenta y tres anos Alonso Yanes da Ponte Noba palmero vezino desta cibdad de Betanços, hizo donaçion a la dicha confraria de la custodia de plata dorada para que la cleresia llebasen en ella el Corpus Domine en la procesión de Corpus Christi de cada un año para sienpre jamas...".

 El documento de 1601 indica que el orden procesional se había mantenido sin cambios "dende tienpo inmemorial a esta parte", y en cualquier caso, en el siglo XVI la procesión debía de estar ya completamente desarrollada, según se deduce de las referencias a la misma en las Ordenanzas del gremio de zapateros de 1596 que mencionan en pasado al camello y los juegos y representaciones, a los que los visitadores del siglo XVII califican de antiguallas. En el siglo XVI se hizo una nueva custodia procesional, la que hoy se conserva en la iglesia de Santiago, y varios documentos se refieren a la cofradía de Corpus Christi Minerva y a las danzas gremiales, por lo que podemos pensar que las descripciones de los visitadores reflejan una situación existente al menos desde mediados del siglo XV.

     La procesión salía de la parroquia de Santiago e intervenían en ella los gremios, los doce Apóstoles, la Tarasca (camello la llamaba el pueblo porque tenía gibas y así la denominan los visitadores), justadores con palos de la cofradía de San Pedro, danzas de arcos, máscaras de Cristo y los Apóstoles… y curiosos personajes como los gamachiños. Los entremeses consistían en una representación del martirio de San Sebastián que era juzgado por un tribunal, condenado y asaeteado por unos flecheros, al tiempo que un ángel lo confortaba. Los visitadores hablan también de hombres a caballo “jugando a los dados”, probablemente simbolizando a los sayones echando a suertes la túnica de Cristo, tal y como suele representarse el episodio en el arte. Veamos la descripción del visitador de 1609 publicada por Pérez Costanti:

   “Otro sí por quanto su merced fue informado que en la procesión que se hace el día de Corpus se usaban ciertas antiguallas, las quales mas profanaban la dicha procesión que la santificaban, demás que no son conformes a nuestra rrelixión christiana ni a la devoción que se debe de llebar, en semexantes actos, antes la quitan y provocan a irrisión de tan alta solemnidad: porque los cofrades de San Pedro ban en la procesión jugando doblones a los dados, y otros, so color de justadores, se dan de palos, y estos abusos hacen estando a caballo delante del Santísimo Sacramento, estando la custodia parada, y otros que llevan flechas y hacen que un hombre represente a San Sebastian y en la procesión hacen que se detenga el Santísimo Sacramento, y que tiran las flechas y ponen unos juezes para sentencialle y fingen que biene un ángel a confortar al que representa San Sebastián, todo lo qual es digno de remedio por las causas arriba dichas y por otras que mobieron a su merced Atento lo qual mandaba y mandó que de aquí adelante los mayordomos de la cofradía del Señor San Pedro y a los del Señor San Sebastián y a los de San Jorge, a los que al presente son y adelante fueren, y a todas las demás personas a quienes lo susodicho toca o tocar pueda en qualquiera manera, no saquen en la dicha procesión los dichos juegos ni jueguen los dichos dados ni bayan a caballo, ni hombre que represente a San Sebastián, ni jueces que lo juzguen ni los demás abusos que solían sacar .. Y lo cumplan so pena de ex comunión y de cinquenta ducados a cada uno que lo contrario hiciere, en que desde luego les ha por condenados, los quales aplicaba y aplicó para gastos de guerra que Su Majestad hace contra ynfieles; y encargó su merced al corregidor y Justicia ordinaria desta ciudad y a los Rectores lo agan cumplir y executar las dhas penas a los que lo quebrantasen y los dichos Rectores y clérigos que fueren en la dicha procesión se buelban con ella a la iglesia...”.

      El visitador de 1604, el jerezano Fray Francisco de Vera, Obispo de Medauro y auxiliar de Compostela, no es tan prolijo en la descripción pero proporciona una noticia muy interesante sobre los demachines (también conocidos como gamachiños o fetoyros, personajes enmascarados de carácter diabólico pero con rasgos cómicos que acompañaban la procesión espantando a los curiosos que se acercaban demasiado a las imágenes o al Sacramento. Naturalmente la mención de Fray Francisco es para condenar la costumbre cuya realización estaba a cargo del gremio de mareantes que integraba la cofradía de San Miguel: “no se permitan los demachines que andan aquel día en la dicha procesión”, pero al parecer su prohibición cayo en saco roto ya que aunque no los mencionan los visitadores de 1609 y 1642, en las cuentas del gremio de mareantes de 1644 están anotados un pago de tres reales al gamachino y otro de cuarenta y seis por la “máscara del gamachino y pintura de los arcos”, y en los inventarios del mismo gremio de 1678 y 1695 consta la existencia de “la máscara del gamachino con su vestimenta” y “la bistimenta del fetoyro con su máscara”.

      Los gamachiños, como los céntulos de Pontevedra, el feno de Ribadavia y Allariz y otras máscaras similares, debieron de ser muy abundantes en las procesiones gallegas aunque fueron desapareciendo por la presión de la jerarquía eclesiástica que desde finales del siglo XVI se propuso desterrar de las festividades religiosas estas intrusiones “profanas”. Quizá algunas de las máscaras carnavalescas actuales tengan su origen en las antiguas del Corpus y todavía perviven en algunas procesiones religiosas como la de la Virgen de los Remedios de Castro Caldelas en la que sale el Irrio, máscara religiosa con careta de madera barbuda que goza de los mismos privilegios de inmunidad física y derecho de exacción a los tenderos de los que disfrutan los peliqueiros del carnaval, con los que coincide en los castigos físicos que inflige al público que no puede defenderse de obra aunque sí de palabra.

      Interesante desde el punto de vista de la historia del teatro y del espectáculo era la representación de una pantomima en el campo de San Roque en la que la coca o camello era derrotada por San Jorge en una “justa” como sucedió en Redondela, Santiago, Ourense y otros lugares y aun se hace en Monçao. El camello brigantino era según los datos de un documento de 1765 de cuerpo flexible y lo llevaban cuatro muchachos cuyas piernas sobresalían por debajo como los dragones de tela chinos, encargándose el primero de mover la cabeza y manejar el mecanismo que le permitía abrir y cerrar la boca. Tenía al parecer tres jorobas en una de las cuales cabalgaba el muñeco Juan Ynfante. Iba acompañada de guardias, pajes y un rey, siendo tradición que al llegar la procesión al campo de San Roque, la coca y su cortejo se apartasen de la misma y mientras se cantaba el Te Deum y otros himnos ellos descansaban en una casa de la plaza cuyos propietarios tenían por costumbre ofrecerles bebidas, sillas y hasta una cama para el rey.

   Como en otros lugares de Galicia, en el Corpus salían también los Gigantes, al menos desde el siglo XVIII ya que sabemos que en 1756 se intentó prohibir la danza que realizaban en el atrio de la iglesia de Santiago al regreso de la procesión.

 

 

Custodia de la Iglesia de Santiago de Betanzos (Guillermo de Gante y Bernal Madera, ca. 1586)

 

Gamachiño de Betanzos

Foto de Masaca en Vales Villamarín

 

Máscara del Irrio de la procesión de la Virgen de los Remedios de Castro Caldelas

 

 

 

La Coca medieval de Betanzos

Reconstrucción según Alfredo Erias

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