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 Julio I. González Montañés ©

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Les Chansons des Pèlerins de S. Jacques, Troyes, 1718.

 

Teatro jacobeo

 

    Es sabido que la Fiesta de los milagros de Santiago (3 ó 5 de octubre) se celebró en Compostela -aunque sin especial solemnidad- hasta el siglo XV, y que los Milagros de Santiago del Calixtino se leían en la catedral compostelana “los días festivos del Santo Apóstol y otros, si place”, pero tenemos escasos indicios de la existencia de un teatro jacobeo, a pesar de que desde fechas tempranas la liturgia compostelana había otorgado un notable protagonismo a Santiago, con generosas dosis de lírica e incluyendo ceremonias de carácter dramático y espectacular como la Vigilia en la víspera de su fiesta (inspirada en la Vigilia Pascual) o la solemnidad de su Elección y Traslación (30 de diciembre) que se celebraba con solemnísima procesión, exhibición de reliquias, ricos ornamentos y presencia de todo el clero y el pueblo de la ciudad.

  Por lo que se refiere a los Milagros, sabemos que a finales del siglo XV había un canónigo en la Catedral de Santiago encargado de historiar los milagros del Apóstol, y consta que el extremeño Vasco Díaz Tanco de Frexenal, residente en Santiago a principios de la década de 1540, escribió una Comedia Dorothea, de los milagros de Santiago, hoy perdida.

   En la liturgia compostelana merece mención especial, por su carácter dramático-espectacular, la Misa farcida de Santiago que se incluye en el Códice Calixtino, atribuida a Fulberto de Chartres y compuesta “para cantarla quien guste en una u otra festividad del mismo Apóstol”. En ella aparece el Apóstol como “un obispo o un presbítero vestido con ínfulas” e intervienen dos grupos de cantores, un cantor solista y un lector, escenificando estos últimos con sus diálogos cantados la Modica passio del Santo.

   Se ha destacado en la misa farcida su carácter de representación en la que no falta cierto juego escénico en torno al altar, y los editores modernos del Calixtino han traducido generalmente el Farsa Officium Misse Scti. Iacobi... que encabeza a la pieza en el códice como Representación del Oficio de la Misa de Santiago..., reconociéndole una naturaleza teatral. Recientemente, sin embargo, José Mª Díaz Fernández, aunque no deja de notar la existencia en la misa de elementos especiales de escenificación, pone de relieve su intención esencialmente litúrgica y su adecuación a los usos de la época, concluyendo que “No es, pues, una pieza puramente teatral”.

  Efectivamente no se trata de un drama litúrgico al uso, pero la aparición de tropos, los diálogos cantados y la interpolación de la passio de Santiago aproximan a la pieza a la categoría de lo teatral, y por esa razón la incluyo en este trabajo. Por lo que respecta a su autoría y cronología, parece que se trata de una obra de diversos autores (los benedicamus se atribuyen en el propio texto a "cierto doctor gallego"). Quizá algunos versos sean originales, o adaptados, de Fulberto de Chartres, pero la composición de la misa debió de hacerse en Compostela a mediados del siglo XII (el Calixtino se compiló hacia 1160-1180).

   Fuera del templo catedralicio, aunque con intervención del Cabildo en la organización, la fiesta del Apóstol se celebraba en Compostela, al menos desde 1531, con juegos de cañas, toros, la popular carrera hípica del Cendal, fuegos artificiales y un juego de sortija mantenido por los caballeros de la Cofradía de Santiago que en 1586 intervenían a caballo con “su máscara puesta, y trompetas atanbores y ynbenciones”. En ese mismo año, el Concejo dispuso la celebración de una “máscara (cabalgata) nocturna” con participación de los gremios que no parece haber tenido continuidad.

   Aunque algunos años se representaron comedias con motivo de la fiesta del 25 de Julio (1598, 1612 y 1615), no hay pruebas de la existencia de representaciones teatrales de la vida y milagros del Apóstol, pero sí algunos indicios de espectáculos parateatrales de temática jacobea como las ynbenciones que salieron en las fiestas del 25 de Julio, que en 1602 consistieron en “un carro (…) en que iba la barca de Santiago como vino de Jerusalén a España, muerto, con dos discípulos y dentro della tres ángeles que hacían tres niños del coro los quales iban cantando motetes y villancicos”.

   Las ynbenciones eran también frecuentes en los castillos pirotécnicos que se emplazaban en el centro del Obradoiro siendo quemados la noche del 24 de julio como en la actualidad lo es la fachada de la Catedral. En la época que nos ocupa se trataba de escenarios distintos cada año, levantados con recursos arquitectónicos de madera, escultura barata y pintura, resultando una máquina de exaltación jacobea con historias adecuadas (Batalla de Clavijo, Traslación del Apóstol, Venida de Almanzor a Santiago...) y notables recursos escenográficos como el Santiago ecuestre que en 1704 descendió por un cable desde la torre de las Campanas hasta el castillo para incendiarlo.

  En el mismo ámbito temático cabe mencionar la “historia de Señor Santiago a caballo como cuando fue lo del Rey Ramiro” que llevaban los azabacheros en el Corpus compostelano al menos desde 1570, una danza o representación que también se ofrecía a los arzobispos en sus tomas de posesión y a los visitantes ilustres, escenificando la aparición del Apóstol en la legendaria batalla de Clavijo , danza que puede estar en el origen, como luego veremos, de posteriores representaciones de Moros y Cristianos.

   Es posible que haya existido también algún teatro jacobeo en las aulas universitarias compostelanas y ya me he referido a una Loa a Santiago que pudo haber sido representada a principios del XVI en el Estudio Viejo, pieza en la que, al parecer, se hacía referencia a episodios de la leyenda jacobea . Las noticias sobre esta Loa son problemáticas pero no es imposible la existencia de un teatro jacobeo de colegio y, por otra parte, la aparición en la Loa de la reina Lupa encuentra clara correspondencia con el protagonismo que se le otorga a este personaje en una tragedia jacobea francesa de Bernard Bardon de Brun, representada en Limoges por cofrades peregrinos el 25 de julio de 1596 y conocida en Compostela ya que se conserva un ejemplar en la Biblioteca de la Universidad de Santiago, procedente del Colegio de los Jesuitas que debió de poseerlo desde finales del siglo XVI.

    De la misma época es el Auto de Santiago portugués de Afonso Alvares (antes de 1580), quizá escrito para representar en el Corpus, pero inspirado en los Milagros jacobeos del Calixtino como sucede en algunas obras francesas (Bardon de Brun) y, especialmente, italianas (Rappresentazioe duno miracolo di tre peregrini cha andavano a Sancto Jacopo di Galitia, Florencia, 1519).

  Aparece también tangencialmente la temática jacobea en el coloquio entre el Apóstol, España, un peregrino y un gallego incluido en 1612 en las Exequias de la Reyna D. Margarita de Austria, pieza en latín del Licenciado toledano Alonso Pérez de Lara que tiene todas las trazas de estar inspirada en un Auto Sacramental .

  La falta de textos es casi total pero tuvo que haber existido un teatro jacobeo, no sólo en el ámbito de la liturgia y las fiestas compostelanas, si no también en relación con la peregrinación y desde fechas tempranas. Aunque las alusiones a la peregrinación y a los milagros jacobeos en los cancioneros juglarescos galaico-portugueses no sean muy frecuentes, siempre se ha pensado que los juglares debieron de jugar un importante papel en la difusión de los milagros y las leyendas jacobeas, dada la abundancia de las noticias sobre canciones y danzas de peregrinos y sobre la presencia de juglares en el Camino y en Compostela. Es fácil, por otra parte, encontrar ecos del arte juglaresco en las canciones de peregrinos conservadas, y es conocida la presencia de juglares en los santuarios y monasterios del Camino que los contrataban para atraer a los peregrinos y pregonar las virtudes de cada centro, sus santos y sus reliquias.

   En Galicia tenemos algunos testimonios, aunque tardíos, de la existencia de representaciones y danzas como la “danza de romeros y romeras” que hacía el gremio de tejedores de Compostela en el siglo XVI, el “diálogo y danza a propósito de nuestra peregrinación con el que obsequiaron en Monforte en 1610 al  limosnero y capellán mayor de Felipe III, más tarde arzobispo de Sevilla, D. Pedro de Guzmán y Haro, que regresaba como romero de Compostela, y la “danza de peregrinos” que interpretaron los criados del Conde de Lemos en unos festejos de 1619.

  Estas representaciones debieron de ser frecuentes, si nos fiamos del testimonio de Blas Nasarre quien en 1749 afirma: “Los peregrinos en cuadrillas, el bordón de la mano, con sus esclavinas y sombreros cubiertos de conchas y bordoncillos (...), representaban al vivo los misterios de la Religión y las historias sagradas, de cuya costumbre quedaron las oraciones de ciegos y los autos que llaman sacramentales”, (...) “aun permanecen en Galicia y en algunos monasterios usos y prácticas que lo prueban”.

  La noticia de Nasarre sobre la pervivencia de representaciones en el siglo XVIII a cargo de los peregrinos y/o en los monasterios del Camino de Santiago la confirma, en 1763, el dramaturgo y antólogo Juan José López de Sedano, el cual, comentando una obra teatral perdida del cura de Friume, dice: "El estilo es sencillo, y devoto, que acredita la piedad, y buen zelo de su Autor, y nos hace acordar las 'Cantigas', ó Canciones antiguas de los Peregrinos, que iban en romería á Compostela".

 Por último, tenemos un testimonio, también tardío, de teatro con títeres y música en el contexto de la peregrinación a Compostela, aunque con una temática ajena a lo jacobeo. Se trata del Canto della Madre badessa y la Prosa dei conversi , que representó a lo largo del Camino entre 1717 y 1719 el peregrino italiano y fraile carmelita Giacomo Antonio Naia. Se trataba de un relato cómico de la vida relajada en los conventos femeninos de la época, que Giacomo ponía en escena con marionetas y el acompañamiento musical de una guitarra. Según su diario de viaje, la representación arrancaba las carcajadas del público, tenía siempre gran éxito, y en varios lugares le pidieron copia de sus versos, por ejemplo en el monasterio de Oseira, cuyos frailes, como los del convento franciscano de Ourense, se partían de risa al verla y escuchar sus canciones.

  Durante su estancia en Galicia en 1718, Naia hizo su representación por primera vez en el Pazo de Santa Cruz da Granxa (Padrón), en el que estuvo cuatro días (20-24 de febrero) invitado por su administrador D. Francisco. En Santa Cruz participaron en la representación músicos del país (un flautista, una panderetera y otra mujer que tocaba las castañuelas): "... Además había un hombre que tocaba bien la flauta, una mujer la pandereta y otra las castañuelas ... Total, que lo pasamos muy bien con la Misa de la madre Abadesa, y, como siempre, todo el mundo se partía de risa cuando yo representaba a la madre Abadesa ...". Posteriormente repitió la representación en Oseira, Ourense y Vilafranca do Bierzo, ya saliendo de Galicia. En su viaje de ida la había representado también en el monasterio de Carracedo (Cacabelos), donde volvió a hacerla en el viaje de regreso hacia Italia.

 

 

 

 

Códice Calixtino

Misa farcida de Santiago

 

 

Auto de Santiago de Afonso Alvares (Portugal s. XVI)

 

 

 

 Santiago como obispo.

Columna de Platerías

 

 

 

 

 

 

 Plano del Castillo del Apóstol en la plaza del Obradoiro de Santiago. Dibujo de 1745, atribuido al “maestro arquitecto” Francisco das Moas, localizado por F. Pérez Rodríguez en el Archivo Histórico Nacional.

  En él se observa como toda la plaza se cierra para el espectáculo como un coso de plan rectangular y en el centro se alza una construcción piramidal escalonada de cuatro pisos y veinte huecos, es de suponer que para contener los lienzos que hizo para la ocasión el pintor catedralicio Juan Antonio Bouzas.

 

 

 

 

 

Procesión de peregrinos en Compostela. Grabado en: Beschryving van Spanjen en Portugal, Pieter Van der Aa, Leiden, 1707, vol. I, cap. I, p. 52. Evidentemente el autor del grabado no estuvo presente en la misma, pero probablemente se basó en una descripción.

 

 

 

 

 

 

 Pazo de Santa Cruz da Granxa (Herbón, Padrón, CO) en el cual se representó en 1718 el Canto della Madre badessa .

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