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 Julio I. González Montañés ©

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Escenificación del Encuentro con imágenes móviles articuladas (Viveiro)

 

 

 

Imagen gótica de Santiago con espada móvil en la Catedral de Ourense. Procede del pilar del crucero junto al púlpito de la Epístola; se instaló en el parteluz del Pórtico el Paraíso en 1857. Consta en la documentación ourensana un pago de 112 reales en 1782 a un herrero por hacer la espada, que podría ser tan solo un atributo de su martirio (González García), aunque quedaría por explicar el porqué de su movilidad.

 

 

Santiago de las Huelgas, probablemente utilizado en la investidura como caballero de Alfonso XI en Compostela (1332). Sus articulaciones, accionadas mediante cordeles, le permiten dar el espaldaraço y la pescoçada a los aspirantes a la caballería.

 

 

 

 

 

Sótano del Hospital Real de Santiago, escenario en 1620 del Juego de la máquina infernal (en la actualidad comedor del Hostal de los RRCC).

 

Volatines, títeres y otros espectáculos

 

Volatines

    Hemos visto que los cabildos y regimientos gallegos parecen haberse puesto de acuerdo para contratar conjuntamente compañías que recorrían el país en una especie de circuito teatral oficial, y que las instituciones, especialmente el Cabildo compostelano, durante muchos años no repararon en gastos para traer las compañías teatrales de mayor fama y otros espectáculos como los de titiriteros y volatineros, muy populares en el siglo XVII y los únicos que en ocasiones se permitían durante el tiempo de Cuaresma en el que estaban prohibidas las comedias.

  En Compostela tenemos documentada la actuación de volatines en las Fiestas del Apóstol de 1612 (Acta municipal de 20 de julio de 1612, Libro de Consistorios, fol. 320 v), y en la fiesta del traslado de las reliquias al relicario nuevo el 11 de agosto de 1641 . Sabemos también que la plaza de la Quintana era el escenario habitual durante los siglos XVII-XVIII de este tipo de representaciones, ya que así lo afirma la abadesa del monasterio de San Paio de Antealtares en 1775.

   De este tipo era también el espectáculo del funambulista italiano Lorito Brechola que actuó en 1617 en A Coruña “con su compañía que son tres bolteadores, dos hombres y una mujer, y dos músicos y un arlequín (...) han de ir en procesión con sus trompetas y violines, y en el tablado hacer una danza de toqueado, y en la plaza o lugar señalado han de poner las maromas y boltear en ellas y poner el caballo de madera y hacer todo el más entretenimiento que supieren hazer .

  En Ourense hay noticias de la actuación de volatines en el Corpus de 1707 , y otra noticia sobre volatineros, fuera ya de los límites cronológicos de este trabajo, la tenemos en Pontevedra en 1776, cuando consta que la más tarde famosa compañía de Joseph Cortés El Romano, solicitó licencia para hacer su espectáculo de volatines e ilusionismo en el cuartel de la ciudad (AHPO, Libro de Actas Municipales de 1776, fol. 15).

 

Títeres y guiñol

  Teatro de marionetas pueden considerarse las representaciones con imágenes móviles o autómatas de culto, como los abundantísimos Desenclavos, extendidos por toda la geografía gallega desde finales del siglo XIV, y las escenificaciones del Encuentro con imágenes articuladas durante la Semana Santa (Viveiro, Ribeira, Ferrol...). Sabemos, en otros lugares de Europa, de la utilización de marionetas por parte de los juglares, y se han querido ver autómatas e imágenes articuladas de la Virgen en las miniaturas de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio. En Galicia, algún capitel medieval, como el del arco triunfal de Santa María de Nogueira (Chantada-LU, véase Foto), ha sido interpretado como una "escena de títeres" (Ramón y Fernández Oxéa, 1944). Quizá tenga razón, aunque parece más bien un levantador de pesas, pero es verdad que la escena de Nogueira no es de repertorio, ya que no aparece en otras iglesias gallegas, por lo que podría responder a una vivencia personal del escultor, si bien la cosa no está nada clara.

  Títeres son también, al fin y al cabo, las Cocas y los gigantones procesionales del Corpus, abundantemente documentados en Galicia, en ocasiones con mecanismos que les permitían abrir y cerrar la boca y mover los ojos como en la coca de Redondela o los papamoscas de Caldas y Carril.

  Podría considerarse también como una imagen de guiñol el Santiago que en la actualidad se encuentra en el parteluz del Pórtico del Paraíso de la Catedral de Ourense (ca. 1230-48) llevando en la mano derecha una espada de hierro que se puede mover arriba y abajo, lo que ha llevado a algunos autores a suponer que fuera utilizado para armar caballeros como sabemos que se hacía en la Edad Media con imágenes articuladas similares como el Santiago del espaldarazo que hoy se encuentra en el monasterio de Las Huelgas (Burgos), el cual según algunos autores podría haber sido el utilizado en 1332 para la investidura caballeresca de Alfonso XI en Compostela , descrita por Fernán Sánchez de Valladolid en la Crónica de su reinado en los siguientes términos:

  Et en amaneciendo, el Arzobispo Don Joan de Limia dixole una Misa, et bendixo las armas. Et el Rey armóse de todas sus armas, et de gambax et de loriga, et de quixotes, et de canilleras, et zapatos de fierro: et ciñóse su espada, tomando él por sí mesmo todas las armas del altar de Sanctiago, que ge las non dio otro ninguno: et la imagen de Sanctiago, que estaba encima del altar, llegose el Rey á ella, et fízole que le diese la pescozada en el carriello. Et desta guisa rescibió caballería este Rey Don Alfonso del Apostol Sanctiago.

   No tengo muchas noticias antiguas de la existencia en Galicia de espectáculos de títeres, salvo de la representación por el peregrino italiano Giacomo Antonio Naia en 1718 del Canto della Madre badessa e Prosa dei conversi, obra cómica con música y marionetas que puso en escena en el Pazo de Santa Cruz da Granxa (Padrón), en el monasterio cisterciense de Oseira y en el convento de los franciscanos de Ourense .

  Existen, eso sí, numerosos testimonios tardíos (Martínez Salazar, Isidoro Brocos, Casto Sampedro, Valle-Inclán) de la utilización de marionetas o monifates en las representaciones que hacían los ciegos, en fiestas y romerías, recitando coplas y romances con acompañamiento musical. Los muñecos eran juguetes movidos por el ciego o su lazarillo mediante cuerdas, o bien contaban con mecanismos que los movían para que pareciese que bailaban al son de la música. Tales representaciones están documentadas en otros lugares de España, por ejemplo en Asturias y en la zona zamorano-leonesa, pero, como en el caso gallego, los testimonios más antiguos se refieren al siglo XIX y no hay datos claros de épocas anteriores [1], aunque sí es evidente su popularidad y la pervivencia de los cegos dos monifates hasta bien entrado el siglo XX en fiestas y ferias [2]. Según Sampedro en su Cancionero musical de Galicia, en ocasiones el ciego y/o su lazarillo fingían sus voces y los hacían dialogar:

"El ciego inclina el cuello de la capa larga, roja y remendada; el lazarillo se levanta y regresa a la parte posterior de las dos bandas, sujetando las puntas, y, dentro y escondido por ellas, hace la proyección, levantarse, descender, esconderse, moverse hacia adelante, retroceder, sacudirse, desmoronarse ... fuera de la capa y el ver dos monifactos o títeres vestidos con colores charros y que representan las figuras del romance al que el ciego se refiere y acompaña el sonido de un violín o zanfona.
Cuando finge que los monos se ríen, lloran, preguntan, responden, etc., ciegos y lazarillo, proporcionados con una lengua de caña, un pergamino, laurel o algo similar, producen una falsa voz de hombre o mujer, según el caso lo requiera".

 

  Puede considerarse como guiñol el altar de idea móvil automático levantado por los franciscanos durante las fiestas por el traslado de las reliquias de la Catedral al relicario nuevo el 11 de agosto de 1641, el cual D. Antonio Rodríguez de Puga y Castro describe en los siguientes términos:

"...vna ingeniosa naue, que prosiguiendo la altura de la calle llegaua la vandera de tope del árbol mayor a goçarse por encima de los texados, y su parte, lo que pudo mouerse sin embaraço, tan cuidadosamente dispuesta, que no siruió solo a los ojos, sino también a la attençion. El adorno de sus xarçias, gauias, estanteroles, costados, maromas, velas y escalas, que todo era de seda y oro, fué mucho; la seriedad de sus estandartes y gallardetes grande; en el mayor las Armas deste catholicisimo Reino; en el siguiente las de la Santa Iglesia y çiudad: el árbol mayor cubierto todo de láminas en triángulo, que guardauan la mesma orden del Altar. Venia en ella nuestro S. Apóstol, con el timón en la mano y vn Ángel en la proa; en la gauia del árbol mayor tres doseles, y en ellos vn niño Jesús hermoso, la Virgen de la Concepción y la fee, con muchos grumetes, dispuestos por las escalas, uestidos a su modo, pero con aliño y curiosidad. Mouianse todos estos alteros y naue a todas partes con vn solo mouimiento, sin parar un instante, de manera, que sin trabaxo se goçaua todo de todas partes...".

 Espectáculo de guiñol debió de ser también la Representación de la batalla de Lepanto que se hizo en Santiago en 1713 durante los festejos por la canonización de San Pío V Papa . De acuerdo con la descripción del autor de la relación de las Fiestas Compostellanas (identificado como Juan Pacheco y Troncoso por Filgueira Valverde), la víspera del comienzo del novenario una comitiva ciudadana visitó los altares de idea que habían levantado los conventos e iglesias de la ciudad, y ante el de los franciscanos en las Casas Reales tuvo lugar una Naumachia, con un "mar tan parecido al verdadero en el color cerúleo de sus ondas, en el refluxo de sus aguas, y aun en el bramido, quando se desahoga en las arenas, que el más advertido cuidado podía equivocarse". Intervenían en la Naual batalla:

 "...muchos bajeles Catholicos y Turcos, en cuyas Capitanas, de a 24 piezas, se veian los dos Generales contrarios (...) Davan señal de batalla los clarines, y las caxas: caminavan viento en popa nuestras Galeras, y al arrancar de boga las contrarias, a unas las detenía la virtud de la oración de Pío (...) y otras al disparar las piezas, aumentando el estruendo muchas pistolas, rotas las quillas mástiles y xarcias, las sorbía el Golfo, hallando en su inconstancia el último escarmiento".

  López Ferreiro en su Historia de la S A. M. Iglesia Catedral de Santiago da a entender que en la calle compostelana se habría desarrollado una verdadera Naumaquia, pero parece claro que, como ya señaló Filgueira Valverde, era una representación de guiñol (diaporama dice Filgueira), y el propio cronista afirma que se trataba de una "prodigiosa Machina" en la cual "Tan al vivo se representaba la victoria de Lepanto, que aun con la reflexión de que solo era pintada la juzgavamos verdadera". Aparentemente, pues, no había actores ni agua real y todo se reducía a un escenario con figuras móviles y efectos sonoros al modo de los denominados máquina real o comedias de perspectivas, que sabemos eran frecuentes en el teatro de la época. No faltaba, sin embargo, el apoyo literario con dos décimas en tarjetones que "aclaraban la escena":

 

Vence desde aquel Sión
en que ya Pío es eterno,
de las furias del Averno
los imperios de Plutón.
La cabeza de un dragón,
esclava rama de Agar,
la quebrantó en el mar
el Vice-Dios de Isrrael,
porque así se burla de él
Dios que lo quiso formar.

Ahogos de un Faraón
los renueva Solimán,
padeciendo otro Jordán,
otro Moisés, otro Aharón,
Halla aquí su confusión
el gigante Filistín,
pero si guarda el jardín
de la Iglesia otro Miguel,
¿qué mucho huiga
(sic) Luzbel
del custodio Querubín?


 
Es probable que fuese también teatro de títeres, del tipo de los denominados de máquina real, la invención en forma de torneo que hizo la compañía de Pedro de Loaisa y Juan de Vargas en las fiestas del Apóstol de 1615. Así parece indicarlo el tono del documento y el pago por unas apariencias para la dicha invencion .

 

Otros espectáculos

   No está claro de qué tipo era el Juego de la Máquina Infernal que, según el cronista compostelano Celestino Sánchez Rivera, se representó en 1620 en el sótano del Hospital Real de Santiago, dirigiéndose después a Coruña . Sánchez Rivera no indica la fuente documental de su afirmación ni en qué consistía el juego, probablemente un espectáculo de acróbatas con aros de fuego y/o pirotecnia.

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[1] Sí los hay, al menos iconográficos, en otros lugares de Europa desde el siglo XVI (véase el ciego con monifate y lazarillo de la parte inferior izquierda de la tabla central del tríptico titulado El Carro de Heno de El Bosco (Museo del Prado, ca. 1512-15).

[2] La popularidad de los espectáculos de títeres en Galicia, especialmente de los de cachiporra, se mantuvo hasta la década de los 60 en los espectáculos en gallego del célebre Barriga Verde (José Silvent) y sus imitadores, en los cuales se incluían piezas como O Barbeiro y A morte do Demo documentadas en el repertorio de los ciegos monifateros y en el teatro de títeres portugués.

 

 

 

 

 

Funambulistas italianos del siglo XVII

dibujo de José Ribera

 

 

 

 

Capitel de Sta. Mª de Nogueira (s. XIII)

 

 

 

Guiñol en la aldea

 Luis Menéndez Pidal, Asturias, 1913

 

 

 

 

 

 

Isidoro Brocos El ciego de la zanfoña con sus marionetas, A Coruña 1909

 

 

 

 

 

 

El Carro de Heno, El Bosco (Museo del Prado, ca. 1512-15, detalle).

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