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Escenificación del Encuentro con imágenes móviles articuladas (Viveiro)

 

 

 

Sótano del Hospital Real de Santiago, escenario en 1620 del Juego de la máquina infernal (en la actualidad comedor del Hostal de los RRCC)

 

Títeres, volatines y otros espectáculos

 

    Hemos visto que los cabildos y regimientos gallegos parecen haberse puesto de acuerdo para contratar conjuntamente compañías que recorrían el país en una especie de circuito teatral oficial, y que las instituciones, especialmente el Cabildo compostelano, durante muchos años no repararon en gastos para traer las compañías teatrales de mayor fama y otros espectáculos como los de titiriteros y volatineros, muy populares en el siglo XVII y las únicas que en ocasiones se permitían durante el tiempo de Cuaresma en el que estaban prohibidas las comedias.

  En Compostela tenemos documentada la actuación de volatines en las Fiestas del Apóstol de 1612 (Acta municipal de 20 de julio de 1612, Libro de Consistorios, fol. 320 v) y sabemos que la plaza de la Quintana era el escenario habitual durante los siglos XVII-XVIII de este tipo de representaciones, ya que así lo afirma la abadesa del monasterio de San Paio de Antealtares en 1775.

   De este tipo era también el espectáculo del funambulista italiano Lorito Brechola que actuó en 1617 en A Coruña “con su compañía que son tres bolteadores, dos hombres y una mujer, y dos músicos y un arlequín (...) han de ir en procesión con sus trompetas y violines, y en el tablado hacer una danza de toqueado, y en la plaza o lugar señalado han de poner las maromas y boltear en ellas y poner el caballo de madera y hacer todo el más entretenimiento que supieren hazer .

  Teatro de títeres pueden considerarse las representaciones del Encuentro con imágenes articuladas durante la Semana santa (Viveiro, Ribeira, Ferrol...) y los abundantísimos Desenclavos, extendidos por toda la geografía gallega. No tengo muchas más noticias antiguas de la existencia en Galicia de espectáculos de marionetas, salvo de la representación por el peregrino italiano Giacomo Antonio Naia en 1718 del Canto della Madre badessa e Prosa dei conversi, obra cómica con música y títeres que puso en escena en el Pazo de Santa Cruz da Granxa (Padrón), en el monasterio cisterciense de Oseira y en el convento de los franciscanos de Ourense .

 Existen también numerosos testimonios (Martínez Salazar, Isidoro Brocos, Casto Sampedro) de la utilización de marionetas o monifates en las representaciones que hacían los ciegos, en fiestas y romerías, recitando coplas y romances con acompañamiento musical. Los muñecos eran juguetes movidos por el ciego o su lazarillo mediante cuerdas, o bien contaban con mecanismos para que pareciese que bailaban al son de la música. Según Sampedro en su Cancionero musical de Galicia, en ocasiones el ciego y/o su lazarillo fingían sus voces y los hacían dialogar. Tales representaciones están documentadas en otros lugares de España, por ejemplo en Asturias y en la zona leonesa, pero, como en el caso gallego, los testimonios más antiguos se refieren al siglo XIX y no hay datos claros de épocas anteriores, aunque sí es evidente su popularidad y la pervivencia de los cegos dos monifates hasta bien entrado el siglo XX en fiestas y ferias.

  Espectáculo de guiñol debió de ser también la Representación de la batalla de Lepanto que se hizo en Santiago en 1713 durante los festejos por la canonización de de San Pío V Papa . De acuerdo con la descripción del autor de la relación de las Fiestas Compostellanas (identificado como Juan Pacheco y Troncoso por Filgueira Valverde), la víspera del comienzo del novenario una comitiva ciudadana visitó los "altares de idea" que habían levantado los conventos e iglesias de la ciudad, y ante el de los franciscanos en las Casas Reales tuvo lugar una Naumachiacon un "mar tan parecido al verdadero en el color cerúleo de sus ondas, en el refluxo de sus aguas, y aun en el bramido, quando se desahoga en las arenas, que el más advertido cuidado podía equivocarse".

 Intervenían en la Naual batalla "muchos bajeles Catholicos y Turcos, en cuyas Capitanas, de a 24 piezas, se v(e)ian los dos Generales contrarios (...) Davan señal de batalla los clarines, y las caxas: caminavan viento en popa nuestras Galeras, y al arrancar de boga las contrarias, a unas las detenía la virtud de la oración de Pío (...) y otras al disparar las piezas, aumentando el estruendo muchas pistolas, rotas las quillas mástiles y xarcias, las sorbía el Golfo, hallando en su inconstancia el último escarmiento".

 López Ferreiro en su Historia de la S A. M. Iglesia Catedral de Santiago da a entender que en la calle compostelana se habría desarrollado una verdadera Naumaquia, pero parece claro que, como ya señaló Filgueira Valverde, era una representación de guiñol (diaporama dice Filgueira), y el propio cronista afirma que se trataba de una "prodigiosa Machina" en la cual "Tan al vivo se representaba la victoria de Lepanto, que aun con la reflexión de que solo era pintada la juzgavamos verdadera". Aparentemente, pues, no había actores ni agua real y todo se reducía a un escenario en perspectiva con figuras móviles y efectos sonoros como los que sabemos eran frecuentes en el teatro de la época. No faltaba, sin embargo, el apoyo literario con dos décimas en tarjetones que "aclaraban la escena":

Vence desde aquel Sión
en que ya Pío es eterno,
de las furias del Averno
los imperios de Plutón.
La cabeza de un dragón,
esclava rama de Agar,
la quebrantó en el mar
el Vice-Dios de Isrrael,
porque así se burla de él
Dios que lo quiso formar.

Ahogos de un Faraón
los renueva Solimán,
padeciendo otro Jordán,
otro Moisés, otro Aharón,
Halla aquí su confusión
el gigante Filistín,
pero si guarda el jardín
de la Iglesia otro Miguel,
¿qué mucho huiga (sic) Luzbel
del custodio Querubín?

 

   No está claro de qué tipo era el Juego de la Máquina Infernal que, según el cronista compostelano Celestino Sánchez Rivera, se representó en 1620 en el sótano del Hospital Real de Santiago, dirigiéndose después a Coruña . Sánchez Rivera no indica la fuente documental de su afirmación ni en qué consistía el juego, probablemente un espectáculo de acróbatas con aros de fuego y/o pirotecnia.

 

 

 

 

Funambulistas italianos del siglo XVII

dibujo de José Ribera

 

Guiñol en la aldea

 Luis Menéndez Pidal, Asturias, 1913

 

Isidoro Brocos El ciego de la zanfoña con sus marionetas, A Coruña 1909

 

 

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